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Palabras mas, palabras menos

Patria, tierra y tiempo, ¿elementos disociados?

He tratado de buscar en los libros de texto algo que me indique como concebir la palabra identidad, aquella palabra tan manoseada que la verdad, no siento mía, esa palabra esquiva a los filósofos, temida por los dictadores y añorada por los sueños de libertad, debido a esto, prefiero que mi alma piense y mi razón sienta en vez de citar eruditos (con el respeto a quienes busquen academia en este escrito).
He preferido referirme al sentir la particularidad en la universalidad como autoestima nacional, para delimitar el campo de estas modestas líneas a mi país. Terreno (lastima no poder hablar de territorio) que siento propio pero que veo tan lejano. Lo siento propio porque sueño con él y porque veo en sus sueños los míos, lo siento propio porque veo en el mis esperanzas, y si, mis desilusiones.
Pero lo veo muy lejano porque no soy el único que sueño y porque hacen falta quienes sueñen con ese terreno convertido territorio de la libertad, territorio de todos. Está muy al norte de mí, de mi pueblo, y este, en vez de bajar la patria esta a sus manos, trata de escalar hacia el abismo de los espejismos borrosos, aquellas falsas ilusiones ajenas y enajenadas en expectativas de otros malencajados a la fuerza en estas tierras.
Pero la cuestión de espacios no es la única a la que pretendo punzar, también esta el tiempo, aquella categoría definitoria del mundo por unos y aplicad a otros. Algunas veces para hacerlos parte de su sistema, otras veces para ponerlos por debajo.
Maldita sea que no somos encasillables en la modernidad, esta es de otro norte que no es el nuestro, a nosotros, a América latina nos encubrieron hace mas de cinco siglos en esta so pretexto de explotación. No tenemos su tiempo y no lo vamos a tener porque nuestra historia es distinta, para desgracia de ellos.
La modernidad surgió como expectativa, surgió como un sueño, pero deben recordar enajenadores de lo propio que nosotros no estamos en su cama, y aunque ustedes pretendan ponernos a dormir sus sueños debajo de sus almohadas esto es imposibles, pues además del Atlántico y del canal, hay mares de sueños, de amores y de esperanzas, de cultura que nos separan eternamente.
América latina así concebida o pretensiosamente concebida como aparte y apartadora del mundo es un absurdo, pues somos lo contrario, somos el mundo todo, y ya sea por manoseo o por invitación, de América Latina hace parte todo el globo pero no por eso es sierva de todo este.
Desgraciadamente la historia no ha “aprendido” a distinguir lo nuevo, de lo recién visto, y por ende, trata esto como aquello, a través de los “descubrimientos”, se han maravillado falsos descubridores al divisar horizontes distintos, por eso queman bibliotecas, matan pueblos y asesinan a sus testigos.
Se convierten los falsos descubridores en masas que como pulpos abrazan con cuchillas de malentendimiento todo lo que no son sus brazos, abarcan las tierras, los mares y ahora los aires con sus tentáculos de modernidad y de tinieblas civilizadoras.
Este pulpo no sabe ver mas allá de sus pupilas, no sabe apartarse de sus ventosas de economía, no sabe dejar de ser una masa sin sueños de verdad, porque impone las visiones, una masa sin historia propia porque impone la que cree a todos, una masa sin forma porque no se moldea antes de amasar con al violencia todo ser que encuentra.
¿América latina de debe lanzar al abismo de la alienación, convertirse en un tentáculo menor, o debe nadar con furia y con banderas falsas de propiedad para clavarlas en todas las cabezas con toda la fuerza del sentimiento ciego?
No, estas concepciones tan extremistas como muchos de nosotros solo hacen al enajenado más enajenador y al enajenado más enajenado.
Concebir la pasividad es decir no-hay-más-salida y creer solo en la acción repulsiva es convertirnos en causa de la enajenación a combatir.
Antes de pensar hay que sentir, y antes de sentir hay que pensar. Antes de analizar con teorías y causas-efecto las acciones de los demás sobre nosotros, debemos sentirnos a nosotros como nuestra causa, como nuestro fin. Y antes de sentir el embate del pulpo debemos pensar en sus estrategias para no embatir contra nosotros mismos.
Definitivamente esta solución carece de sentido si seguimos manejando las ideas actuales que sobre América Latina tenemos, si creemos que el enemigo esta afuera, y si usamos lo ajeno para dar solución a lo propio.
Creemos que América latina es una suma de factores, es eventos entrelazados en el mejor de los casos sino consecutivos.
Pues la patria latinoamericana es mas que eso. Es la mirada de un viejo sentado en una mecedora caribeña, es el pensamiento de una señora que trabaja mas de lo que debe por menos de lo que necesita, es el paisaje, pero sobre todo, es nuestro sentimiento pensado en función de nosotros mismos, de nuestra patria. América Latina tiene una sola historia, que a la vez se encuentra en todo el mundo, pero no es esto lo importante ya que la historia no es de quien la cuenta sino de quien la vive. Y así por estos lares hallan pasado rostros de colores nosotros somos el arcoiris, pero no el que se pinta en los libros, sino el que aparece entre nuestras montañas después de una tarde de lagrimas celestes y que no tiene ni principio ni fin, pues si se busca no se encontraría un tesoro sino la enfermedad de ver ruinas causales en las tinieblas de las preconcepciones. Esto es América Latina, esta es su historia.
Por otra parte, la estrategia del chivo expiatorio no sirve sino para curar una falta de hallar soluciones intrínsecas. Creer que hay que combatir al enemigo como si todo lo que no queda en nuestras tierras fuera eso es no creer en lo humano, en la autoestima nacional de los demás y en la ultravaloración perversa de una autoestima latinoamericana que esta enferma.
Este virus es el que tenemos que combatir con toda la fuerza de nuestros latidos y con todas las neuronas de nuestros espíritus. Este es el virus de la falta de cultura o lo que es lo mismo, de nuestra deficiencia de verla en forma de enajenación.
Si, hay quienes tratan de hacer a (no puedo evitar el termino) nuestra América mas enferma cada día, existen quienes quieren implantar este virus hasta que se vuelva natural. Pero ellos no son el problema aunque lo quieran aumentar, ellos impulsan este maldito virus porque nosotros los dejamos, porque los hacemos más fuertes convirtiéndolos en enemigos.
En fin, nosotros, los latinoamericanos hemos dado paso a esta dolencia y hemos trancado por dentro. ¿Dónde están las llaves, afuera?, NO, y forzar la cerradura no serviría sino para dejar que entrara otro a dañarnos.
Este virus es grave y causa ceguera, mal que debemos tratar con primacía, con discurso, con educación, con memoria. Reviviendo nuestra alma, pues no sabemos que existe, y es ella, nuestra entraña latinoamericana la que salvara la ceguera.
Pero eso no es todo, lo más importante es no dejar que nos volvemos a enfermar de alienación, y esto no se hace eliminando a los que nos quieren enfermar, sino convirtiéndolos en fortalecedores de nuestro mundo todo. Cuando nosotros veamos nuestra alma cultura y veamos a través de ella, entonces veremos que el resto de la humanidad no es una plaga sino una hermana con quien debemos discutir, criticar los problemas generales y en ultimas, articular todas las almas culturas en un pueblo que realmente se pueda llamar mundo.
Pero este estado de cosas es la cúspide de un acantilado, a donde si llegamos con buena vista y bien de salud, vemos y mar, el cielo y alcanzamos la propia libertad. Mas si tratamos de llegar corriendo ciegos y cojos, seguramente caeríamos al abismo de la mas trágica alienación o volaríamos sin rumbo y destrozándolo todo y a nosotros mismos con las alas de cera del chauvinismo y el ultranacionalismo, fuentes de los peores males que nos pueden aquejar, la muerte cultural.

Es por eso que soldado si es amante, es por eso que es madera y es metal, es por eso que lo mismo siembre rosas, que razones de banderas y arsenal
Silvio Rodríguez, Historia de las sillas
La escuela nunca te enseño, que al mundo lo han partido en dos mientras los sueños se desangran por nada, pero el amor es mas fuerte
Tango Feroz, El amor es mas fuerte
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